El estridente timbre del móvil la despertó sobresaltada. Otra vez el mismo número parpadeaba insistentemente en la pantaya del aparato. Nunca contestaba a esas llamadas, puede que presa de Morfeo, puede que presa del miedo...
Miró el reloj. Iban a dar las tres y ella se giró en la cama con la esperanza de volver a conciliar el sueño. Pasaron unos segundos, unos minutos quizá, y cuando ya casi lo había conseguido, volvió a sonar el teléfono. Lo mismo. De repente se sintió estúpida por no haber desconectado el timbre primero. Esta vez era un desagradable mensaje que la puso los pelos de punta.
Sintió un escalofrío y supo que esa noche ya no dormiría más. De repente algo parecido al pánico se adueñó de ella. No era agradable la idea de tener un... ¿cómo llamarlo? ¿admirador? ¿acosador? Como fuera. ¿Quién podría ser? Temía descubrirlo...
Se metió debajo de las mantas e intentó pensar en otra cosa...
Su sonrisa, sus ojos, ese aire despreocupado que tanto la enamoraba... sin darse cuenta dibujó la cara de Izan en su cabeza y esbozó una sonrisa. Se relajó.
Disfrutaba tanto de los recuerdos de momentos compartidos, como engañando a la razón con momentos inventados, robados a la imaginación... Así se descubrió agarrándole de la mano en algún lugar muy lejos de aquel, del que sesentía tan prisionera.
El incesante tic tac del reloj la devolvió a la realidad.
Se dijo que era mejor dejar de fantasear con él. Al fin y al cabo lo que había entre ellos parecía condenado a ser algo meramente físico. Para siempre.
Tic. Ese "para siempre" retumbó en su cabeza y lo odió. Después se odió a sí misma por tener ilusiones en algo que no creía posible y también por no atreverse a descubrirlo. Tristeza.
Tac. Sin saber porqué recordóa su ex, y asu vez problemas de dinero. Impotencia. Viajó en el tiempo, volvió a perderse en su mirada, sus brazos, sus manos... en todo el cariño que se dieron, los buenos momentos, las risas... se reprochó el echarle de menos. Soledad.
Tic. Se sumergió en uno de los cálidos e interminables besos que siempre se daban, y que guardaba con cariño en su memoria. Descubrió que lo que añoraba era esa sensación y no a él. Era el sentirse querida, arropada, segura...
Tac. El recuerdo de su padrastro la perseguía aún sin quererlo. Quizá fuese culpable de muchas más cosas de las que ella creía. Nunca podrá evitar el sentirse mal consigo misma y con los demás después de tantos años de insultos. Inseguridad. Rabia. Rencor.
Tic. Amigos que no son amigos... Gente que parece quererla ayudar, pero que lo único que les mueve es el interés. Pero a ella ya le daba igual... no la importaba quedarse sola.
Miró la hora en el móvil. Ya eran más de las seis y media. Había una perdida en el móvil. Era Jorge, como siempre.
Tac. Tenía que dejarle las cosas claras ya, si es que quedaba algo por aclarar... No quería seguir engañándole. Culpabilidad.
Tic. Se dio cuenta de que el corazón latía muy rápido. Solo parecía estar tranquilo al pensar en Izan.
Tac... tic tac tic tac!! Todo se juntó y de repente se formó una pelota... Ira. Tic tac tic tac Estrelló el reloj en la pared y escuchó un último y apagado tic... Ya no lo iba a necesitar ahora que el tiempo se había detenido en su interior.
Decidió levantarse de la cama. Fuera hacía viento y ya se oían las gaviotas.
Sin encender la luz, se vistió con lo primero que cogió, se puso un abrigo a tientas y salió a la calle.
Una lluvia fina estaba empapando el vestido largo que llevaba puesto, y que ahora que lo observaba con algo más de luz, más parecía un camisón. Poco la importó.
Siguió con su camino empujada por una extraña fuerza. Con la mirada perdida.
Ese vestido blanco, el abrigo viejo, su pálida piel, sola,mojada, perdida... Parecía salida del cementerio...
Miedo, tristeza, impotencia, inseguridad, soledad, rabia, rencor, indiferencia, culpabilidad, confusión, ira... No sabía que se pudieran sentir tantas cosas al mismo tiempo...
Se arañó las manos y las rodillas al subir a cima de aquel montículo. Ya en lo alto se percató de la sangre, mezclada con lluvia y lágrimas, pero no se inmutó, ya que dolían más la heridas que llevaba por dentro. Desesperación.
Allí arriba se encontró con una pequeña imagen de una virgen. La que protegía y guiaba a los marineros.
No pudo más. Estalló y gritó desgarrándose la garganta. ¿Quién la guía a ella? ¿Quién la protegerá en ese oscuro agujero en el que está hundida? ¿Quién la tenderá su mano para ayudarla a salir? ¿Dónde está el angelito negro que la ayudará a lamer sus heridas? ¿Quién? ¿Dónde está?
Las olas chocaban furiosas con las rocas, como si las quisieran arrancar de allí, como si se las quisieran llevar, como si se la quisieran llevar a ella...
Su cuerpo no se pudo mover, pero su alma se perdió en la oscuridad de la mar, mientras ella se quedó allí tirada, esperando... esperando alguien que la fuese a rescatar.

2 comentarios:
Siempre hay alguien q viene a rescatarnos, solo es cuestion de tiempo, y normalmente somos nosotros mismos kien nos reskatamos, kien nos salvamos ;) Tenemos una konver pendiente, q el viernes fue imposible, este finde m kedo aki al final xq viene mi prima (Con lo cual no hago visita a Madrid) asike aver si nos vemos y hablamos vale? q me dejaste un poco flipada kon los resumenes jeje animo y un besin!
Q bello...=) esta muy chulo =)
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